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icoÑoclasta

Blog de Moon Rider, lo que sea que eso signifique

Acabo de mudar este blog + podcast a: http://www.munraider.com/

Todo va bien hasta que un disparo sin sonido te penetra

bala expansiva y venenosa perfora tus visceras.

Debes actuar pronto, cuanto antes.

Los dedos se crispan sobre la mesa y cuesta mucho

respirar.

La tormenta se concentra en tu garganta y  la risa

de Dios se desborda por tus nervios.

Descarga la rabia en tus dentritas.

Y el veneno se expande.

Nada esta bien. La realidad no es tolerable.

Lo intuyes: todo esta perdido.

En la alacena todas las botellas de whisky están vacías,

sólo queda una de Bacardí. Y sabes lo que eso significa.

(si tan solo tuvieras un poco de cocaína)

Pero no hay.

Mezclas el ron con coca-cola.

Dos tragos. Respiras.

Ya habías estado aquí, te repites,

sabes cómo salir.

Recuerda.

pd. Pésimo poema :D

Me costó trabajo y dinero encontrar una de estas bañeras antiguas. Metálica y porcelanizada, pesada como el demonio. Más dinero me costó aún conseguir una mudanza que pudiera subirla al tercer piso de mi edificio, contratar a varios hombres que a base de cuerdas, poleas y mucha fuerza consiguieran meterla a través de la ventana e instalarla en medio de mi departamento. Pero valió la pena.

Trabajé un par de semanas más en el departamento, limpiando, vendiendo o regalando los muebles que ya no necesitaba. Empaquetando libros y discos en cajas para los amigos. Deshacerme de todo, excepto el estereo, el reproductor de DVDs y el proyector. La bañera quedó colocada frente al muro más largo del departamento, lugar que antes había ocupado un librero, la televisión y un par de sillones. Sonreí al ver la pared tan desnuda y manchada, la humedad, sus cicatrices.

¿Cuándo aprenderás a no tomar decisiones de noche?, recordé su voz cuando sentí bajar la temperatura camino a casa después de unos tragos en la cantina con los amigos. Tuve la certeza al subir los escalones, como si ella estuviera esperándome en pijama, mirando televisión en nuestra sala. Tenía que ser esta noche.

Encendí la estufa y puse a calentar agua en cubetas de lamina. Mientras tanto fumaba, escuchaba a Morphine en el estéreo y bebía tragos de whisky. Mi favorito, un Glenfiddich que había comprado un par de días atrás. Para cuando conseguí llenar la tina con agua caliente estaba eufórico y borracho. Cerré la puerta con llave, puse a sonar un disco de dEUS a todo volumen.

Desconecto el teléfono. Ya desnudo, la ropa bien doblada sobre una silla, entro a la tina. El agua se desparrama un poco en lo que termino por acostumbrarme al calor. Ahora, ya que me siento cómodo, tomo la botella de whisky. Oprimo play en el control remoto y el DVD reproduce El último tango en Paris, proyectado sobre mi vieja pared. Definitivamente, nadie debería tomar decisiones de noche. Enciendo un cigarro y sonrío. Hace años no me sentía tan bien.

último tango en París

Soy la máquina que enciende el motor de la desgracia.

Soy el lapso entre las 3:45 y las 4:15 durante una madrugada de insomnio.

Soy siempre, el hombre equivocado, la hora incorrecta, el dedo fuera del mapa.

Soy el nudo en el estómago, el nervio ardiendo en deseo de alcohol y cocaína.

Soy el ritmo que manos desconocidas imprimieron a tus caderas a los 16.

Soy el único hombre al que permitiste llamarte niña puta, niña tonta, niña porno.

Soy la culpa secreta de la feminista y el odio perfecto de las chicas bonitas.

Soy el placer eléctrico que en tu vulva derramó tu hermano, tu padre, tu amante.

Soy, a fin de cuentas, la posibilidad de todo lo que pudiste ser y nunca verás.

Soy el último aliento de un Dios muerto ahogado en el llanto del recién nacido.

Soy el vacío al final de la fiesta,  la voz que te dice al oído: salta.

Ahora recuerdo claramente a la primera chica por la que sentí una atracción devastadora: Tenía una mirada idéntica a la de Sasha Grey. Su cuerpo, una promesa de 17 años a punto de madurar.

Siempre he preferido los frutos ácidos, lo dulce no va conmigo.

Tenía un cuerpo parecido al de una mujer a quién invité a un concierto de nouvelle vague y que se pasó la noche quejándose de sus tacones y de mis cigarros. Cabello negro hasta la cintura, líneas suaves y ágiles como las de un auto deportivo. Pero cuando intenté quitarle el pantalón para penetrarla se negó porque no se había rasurado las piernas.

Lo recuerdo todo esta noche con un trago de sotol y cigarros patrocinados por fetos calcinados.

También recuerdo las palabras atropelladas que me dijo una chica antes de ser desvirgada, la misma que años después no supo evitar el desastre que vendría después de una tarde de whisky. No me perdonó amar a otra mujer.

Ahora sólo podré querer a mujeres capaces de evitarme el desastre.

¿El desastre de amar a otras mujeres devastadoras?

Una vez me enamoré al instante de una chica que conocí en el metro. Jugó a ser inocente y fue la única que en todas nuestras citas siempre llegó hermosa y puntual como la muerte. Tenía el aura de los primeros amores, sólo nos dimos un beso.

Semanas después se enamoró de un vestido de novia y desapareció. Supongo que fue lo mejor.

Mi primera novia, después de terminar conmigo, trabajó a unas cuantas calles de mi casa durante cuatro años. Jamás me visitó. Varios años después me contactó y fue triste comprobar que no había cambiado, seguía siendo la misma mujer que me quiso, pero yo ya no era quien la amó.

Alguna noche me recriminó preocupada un mensaje que decía cosas hirientes sobre un corazón roto. No lo envié yo. Lo comprobamos y me molestó que pensara que a estas alturas hubiera sido yo el autor. Un par de días después, borracho, sí le envíe un mensaje furioso reclamándole lo anterior. Huyó, como lo esperaba, exactamente igual que cuando la primera vez que me dejó.

Con el paso del tiempo he venido recogiendo estos pequeños recuerdos. Frases, mensajes, correos y llamadas telefónicas de madrugada. La mayoría de las veces he preferido olvidarlo todo como quien quema sus cartas, pero inevitablemente el accidente o el destino hacen que nos encontremos brevemente, y yo sonrío. Me llevo todo esto como recuerdo de los hombres que fui. Para recordarme quién soy.

Y es que a veces las mujeres, quizá sin saberlo, desean destruir a un hombre sólo para no ser olvidadas.

Lo que ignoran es que un hombre destruido puede olvidarlo todo en el siguiente trago de sotol.

 

Continuará…

Todas as cartas de amor são
Ridículas.
Não seriam cartas de amor se não fossem
Ridículas.

Fernando Pessoa.

Decir que pienso en ella mientras fumo un cigarro sería un lugar común atroz y también una mentira. Pienso en ella todo el tiempo. El cigarro es sólo un pretexto para matar la ansiedad de no tenerla en mi cama, pero esta ansiedad lleva conmigo desde antes de que ella naciera. Decido entonces servirme otro whisky para seguir pensando en ella, que duerme a estas horas a muchos kilómetros de distancia. Es una chica buena. Podría decir que me voy a dormir también para soñar con ella, ¿pero para qué soñar si puedo beber y pensar en ella? Un sueño líquido que moja su cuerpo, que la quema por dentro como a mí estas ganas de seguir bebiendo.

Es una chica buena, y como todas las chicas buenas, también tiene un novio. Un chico joven y bueno que tiene miedo de perderla mientras ella tiene ganas de perderse. Mi chica duerme ahora y yo soy su amigo imaginario, me declaro inocente de aquellas marcas invisibles que mis dientes dejaron en sus pezones. En realidad, le digo a mi whisky al oído, no me aprovecho: si respetara a la mujer de mi prójimo seguiría siendo virgen.

Las mujeres son tan interesantes y los hombres tan aburridos y llenos de miedo que parecen pedir a gritos un relevo.

Tan estúpidos son los hombres que tuvieron que inventar leyes sociales y divinas, crearon códigos a su medida. Las mujeres se echaron a reír bajo sus ropas mirando cómo los hombres creaban una cultura a su imagen y semejanza, pero ellas siguieron deseando amantes que simplemente las tomaran.

Ella no es mía pero la quiero, y aún queriéndola espero nunca sea mía. La presumiré como un viejo acaricia su bastón o como un escritor presenta sus libros, firmaré en su cuerpo todas las fallas que tuve y corregí a destiempo. Soy de ella porque es la única manera de poseerla.

Soy caliente y ella es el oxigeno que hierve. No necesito más reglas ni leyes humanas, sólo física elemental. Su acción es mi reacción y en esta lógica comprendemos el universo: mientras ella sueña yo estoy despierto.



Uno sólo aprende a amar a través de la ausencia del amor o el desamor sostenido. Porque hacer el amor en todos los sentidos es pretender construir una torre de Babel. Y esta bien. ¿En dónde se puede encontrar más nobleza y humanidad que en aquellos proyectos que emprendemos sabiendo de antemano que están destinados al fracaso?

Sólo se es hombre (o mujer en su caso) en la medida en que uno aprende a reconstruirse, y este aprendizaje debería ser permanente y jamás tener una conclusión. (Estoy borracho, por cierto), escucho ahora esa canción del Niño Gusando que dice: Un rayo cae y hace mal, cae porque sí, es como tú, es subnormal,  y el rayo cae y hace mal, cae porque sí…

Ese remolino de letra se asemeja a mis pensamientos, peor aún, a mi forma de ver esta miserable existencia. La llamo miserable porque nadie en su sano juicio diría algo como “la vida es maravillosa” o “que afortunado soy de estar vivo”. Si tuviera suficiente poder haría fusilar a todas las personas con ideas tan cursis, ingenuas y baratas como las anteriores. Afortunadamente nunca seré una persona con poder porque sería peor que Pinochet. A lo que voy es a que la autentica humanidad radica en esa caída continua, ser el centro de ese caos y aprender a ver las consecuencias, incluida el sufrimiento, como la cosa más bella que nos va arrastrando día tras día.

Diablos, comienzo a sonar como en mi programa de radio, pero no importa, me serviré otro mezcal y quiza jamás publique esto en mi blog… esperenme aquí.

Creo que lo que intento decir es que estoy enamorado, y eso cruza mis cables y lo encuentro maravilloso aún sabiendo lo que sé y creyendo lo que creo. De esa manera sé que es auténtico y entonces me transformo en un hechizado, al estilo Calasso, de un pobre imbécil tocado por los dioses capaz de semejantes gilipolleces (¿gillipolleces se escribe con c o con z?).  El punto es que me siento como el profesor Humbert, como el amante de la señorita Chaterley, como el objeto del placer de la puta de Flaubert, como el jodido Michel amando a su Valérie.  ¿Y?

Nada (¿hay una respuesta mejor que “nada”?), el caso es que la ilusión llamada amor es la neta y se contagia en todas direcciones, sus vectores siempre tienen fuerzas impredecibles (para quien las sufre, porque para la física siempre es muy clara en sus consecuencias) y vale madres. Así de simple. Y en esta simpleza esta quizá el único atisbo de humanidad entendida como superioridad sobre las otras especies o conciencia universal, esa fusión de cuerpos tan vulgar como divina. El maestro Leonard Cohen, en una canción que para mi es casi una letanía, manda al mundo entero a chingar a su madre, le quita toda esperanza, no hay fé alguna en un futuro mejor, pero casi de manera imperceptible dice: But love is the only engine of survival.

Y yo creo en ese fracaso, el mundo se va a ir al diablo, pero si es posible mantener esa pequeña y tonta esperanza junto a ella, habrá valido la pena.

En fin… La quiero y nos tenemos mutuamente durante esta fracción de milésima de segundo que dura una eternidad.

 

 

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